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¿En gel o en pastilla?

La respuesta a esta pregunta habla de un estilo de vida, algo así como una copa de cristal de la casa Riedel o un vaso de plástico del economato del barrio –sí, donde también venden el gel de oferta–.

Nos seduce la pastilla de jabón, además de por sus beneficiosas propiedades, se puede usar en la cara y en el cuerpo y porque una ducha que se describe con el verbo deslizar nos parece una delicia, a la par que relajante. Por si esto te sabe a poco, las pastillas de jabón de Per Purr conservan la glicerina y respetan la capa hidrolipíca de la piel. Y eso no es todo; huelen divinamente y lucen radiantes en el estante del cuarto de baño, donde nuestras visitas, envidiosas, toman buena nota. No te robarán tu pastilla de jabón porque no estás en un hotel, pero seguro que se les pasara por la cabeza.

Todo esto ya lo sabían los fenicios. Hacia el año 600 a. C. divulgaron el conocimiento alquímico de cómo hacer jabón. Siglos más tarde, desde Marsella, se difundió su uso gracias a los galos y otros pueblos germánicos. Y así hasta que lo descubrieron nuestras abuelas, que además de usarlo para perfumar cajones, nunca permitieron que a sus pieles las frotara otra cosa que no fuera una pastilla de jabón.

¿En que momento dejamos de hacer caso a las abuelas y entendimos que el bote de gel en oferta del súper es una buena opción para el baño?

…los jabones en pastilla continuarían siendo los reyes de los cuartos de baño si no fueran por los falsos mitos que la industria cosmética ha inventado contra él para introducir en el mercado el gel de ducha, que les ofrece mayores beneficios ya que son mucho más baratos y rápidos de producir en grandes cantidades.

Para afianzar este cambio de formato –de la pastilla al gel– la industria ha alimentado el rumor de que los jabones líquidos son más higiénicos que las pastillas de jabón. Algo que no es cierto.

Piensa que el jabón en gel está compuesto de un 90% de agua, que es el medio ideal para la proliferación de hongos y bacterias y los otros 10% son ingredientes que sirven de “comida” para que puedan crecer y reproducir sin orden ni concierto.

Para evitar este guateque, lo que hacen es agregar conservantes artificiales así como de una gran cantidad de sustancias sintéticas, como perfumes y colorantes artificiales. El resultado final es una especie de detergente que hace que más que un baño parezca que nos metemos en un lavavajillas. ¿A ti te parece que tu piel puede ser tratada como si fuera un plato?

Como resultado, la piel se reseca y está más propensa a reacciones alérgicas, algo de lo que bien sabe sacar provecho la industria cosmética: la misma que inventa problemas fabrica las pociones mágicas que los solucionan. La pastilla de jabón, al contrario, al no tener agua en su composición final, se conserva de manera natural sin la presencia de bacterias u hongos.

Fue así que de manera paulatina las tradicionales pastillas de jabón fueron sustituidas por los botes de gel.

Por si esto fuera poco, luego está el impacto ambiental que provoca: su espuma no es biodegradable como la de los jabones vegetales, contaminando el agua además de generar residuos con su embalaje de plástico.

Desenmascaradas las mentiras sobre las que se apoya la industria cosmética queda más claro que la pastilla de jabón es la mejor opción tanto para tu salud como para el medio ambiente.

Igual que Wilde, Nabokov, García Márquez y Cervantes, siguen luciendo en nuestras librerías, que nuestros cuartos de baño nunca se vean privados de la presencia de una buena barra de jabón.

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